Ante la misma situación, dos reacciones: asumir y huir.



En los últimos días la injustificada ineficiencia de las autoridades políticas, ha contrastado con la rápida y generosa cooperación de los voluntarios de toda España, en la dramática gestión de la catástrofe natural de Valencia. Pero esta ola solidaria no ha sido todo lo resolutiva que se podía esperar, debido a la mala coordinación de los cuerpos de emergencias, lo cual ha frenado esta riada humanitaria. 

 La llegada de “puntillas” a la desolada Paiporta por parte de los reyes, Sánchez y Mazón, el domingo tres de noviembre, ha tenido una reacción justificada de máxima indignación de los habitantes de la localidad, por la torpe, tardía e interesada respuesta de los mismos. Ante tal situación, dos reacciones bien distintas. La de Felipe y Leticia ha sido asumir y la del presidente del gobierno huir (la de Mazón no cuenta, ya que ha pasado sin pena ni gloria).

El rey y la reina han sabido leer que tenían que quedarse y aguantar el chaparrón de los merecidos reproches, encajando la situación. Y lo han logrado mostrando su vulnerabilidad, su cercanía y ejerciendo su “paternidad” y “maternidad” con su muestras de cariño, valentía y pundonor. Por lo que la capacidad de liderazgo de la Casa Real, asumiendo su imprudente aparición, ha servido para acercarse a este drama y esperemos que sea un ejemplo de cómo tratar a los afectados.

  Por contra tenemos a Sánchez, que huye “prudentemente” sin asumir su papel, habiendo aparecido parapetado tras los reyes, pensando que le pararían los golpes y que le traería réditos políticos.


Álvaro Gil Ruiz



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