El gran teatro del globalismo postmoderno.



La idea clásica del gran teatro del mundo, en donde cada uno interpretamos un personaje, plasmada brillantemente en "El gran teatro del mundo" de Calderón de la Barca, sigue siendo actual. Lo que pasa es que el escenario ha evolucionado mucho, aunque la esencia sigue siendo la misma: cada uno tiene un papel en esta vida. 

En el gran teatro del globalismo postmoderno, estamos en la era del transhumanismo naciente, de las múltiples ideologías imperantes, de la IA campante, de una geopolítica cada vez más compleja. Y si además a eso le añadimos "el avance desolador de los cuatro modernos jinetes del apocalipsis (superpoblación, agotamiento de recursos, contaminación y cambio climático)", como dice Luri en su libro "Sobre el arte de leer", apaga y vámonos. Porque el panorama es desolador.

Edmund Burke decía: "Para que el mal triunfe solo se necesita que los hombre buenos no hagan nada". Pero esta idea se puede matizar, porque las armas de los malos y los buenos son desproporcionadas. Y por otro lado, ¿Quiénes son los “malos” y los “buenos”? ¿Los poderosos? ¿Quiénes imponen sus ideas? ¿Quiénes no piensan como nosotros? Es decir, no queda claro quiénes son los “buenos”. Como tampoco parece evidente que si todos hiciéramos el bien, el mundo cambiaría.

En todo caso, donde parece que  triunfa siempre el mal —el globalismo postmoderno—,  no se nos pide que cambiemos la situación, sino que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que mejore la situación y ayudemos a los demás. No que cambiemos algo que no está en nuestras manos. Esta idea nos sirve a todos, a los agoreros pesimistas apocalípticos, a los que se dejan llevar porque no hay nada que hacer y a los que quieren cambiar el mundo. 

En resumidas cuentas, la humanidad no la vamos a ordenar nosotros. Aunque parezca que el devenir de la Historia esté siempre en manos de unos pocos y el futuro de nuestra vida en nosotros, en realidad el rumbo del mundo está “supervisado" por el que lo puso en marcha. Nosotros estamos en el gran teatro del mundo para interpretar nuestro papel como un servicio a los demás y para que nos sirva para perfeccionarnos como personas.
Álvaro Gil Ruiz

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