La “popular del pulpo”, el niño “piloto” y sobre la ola.
El final del verano llegó y con él comienza el síndrome postvacacional para algunos. Una posible manera de superar esta fase puede ser recordando algunos momentos cotidianos del periodo estival que nos han traído algún aprendizaje positivo. En este mes de agosto he contemplado tres de estos episodios de los que he podido sacar mucho jugo para los próximos meses. Los he titulado de la manera más descriptiva posible, vamos a pasar a exprimir estas historias…
La primera es la “carrera popular del Pulpo”, de la que me he librado de participar esta vez, pero que no desecho hacerlo en el futuro, ya que soy frágil… Comenzó cuando se juntaron unos cuantos amigos a tomar raciones. La más cotizada, por lo menos para el protagonista de esta historia, y la primera en llegar, en solitario, fue la de pulpo. Con su aparición comenzó una carrera en la que sólo participaba un corredor, los demás se convirtieron al instante en espectadores de esta penosa escena. Mientras los observadores mantenían una conversación mientras picaban tímidamente de la ración, el “runner motivado" no levantaba cabeza, ya que había perdido la wifi de la conversación y estaba focalizado en zampar sin parar. Con una gran rapidez, engullendo hasta “fin de existencias" llegó a “Meta”. Que consistió en dejar un pedazo de tentáculo para intentar dar la impresión de no haber hecho lo que sí había hecho, a la vez que decía disimuladamente: “¿Quién se toma el de la vergüenza? Sutil manera de trasladar el cargo de conciencia que tenía, sobre el que cayera en su trampa tentadora.
Pero no todos son episodios “trágicos”. A veces los hay divertidos y simpáticos, que te alegran la vida. Como el que vivimos los feligreses que asistíamos a misa el otro día. Después de las lecturas apareció cruzando por delante del presbiterio un gracioso niño que no levantaba un palmo. Caminaba con gran dominio mientras agarraba con una mano, por un lateral, su carrito, haciéndolo deslizar, para el asombro y las risas de los asistentes bajo la mirada atenta e impactada de su madre. Al final de la misa el protagonista se ganó el apelativo cariñoso y divertido del sacerdote como “futuro piloto”, que hará cosas grandes.
Por último, a mi hermana le hemos regalado por su cuarenta un curso intensivo de surf. Dice que ante la avalancha de agujetas que ha padecido, le ha servido para “neutralizar” sus agujetas de cada día con las del siguiente y así sucesivamente. Algo poco creíble, pero sarna con gusto no pica. Su reto ha sido aprender a mantenerse de pie cuando cogía una ola, a volver al punto de partida para coger la ola siguiente y a aprender a salir de la ola cuando estaba debajo .
¿Qué aprendo de estas historias veraniegas?
De la “carrera popular del pulpo”, a no ir a lo mío. Del niño “piloto”, a sacar lo mejor de mí, sin preocuparme por lo que puedan pensar los demás, confiado de la mirada atenta de los que me quieren. Y de la tercera, a no estar “debajo de la ola” en la vida hay que ser previsor para estar el mayor tiempo posible “sobre la ola”.





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