Los víctimas woke son “indigentes” con hogar, que hablan palabras “silenciosas”.
Hasta ahora el hogar era el lugar donde podíamos volver todas las veces que lo deseáramos, donde éramos queridos tal cual somos y nos situaban en nuestro lugar en la vida. El vehículo principal para mostrar el amor y recibir el amor en el hogar era, sin duda alguna, la palabra. En el hogar nos esperaba la familia, que era la que nos apreciaba y generaba con nosotros ese hogar.
Los que no tenían un hogar eran indigentes y vagabundeaban por las calles buscando una brizna de cariño. No podían verbalizar sus sentimientos y emociones porque no tenían quién les escuchara y mendigueaban una conversación, ya que la comprensión es una necesidad muy grande, que la familia y los amigos prestaban.
En la era de la postmodernidad, donde reina la cultura woke, ha cambiado esta reducida percepción de la realidad, porque ha reventado nuestra sociedad, fruto de la ingeniería social. De tal manera que las víctimas de la cultura de la cancelación son “indigentes” con hogar que dicen palabras “silenciosas". ¿Cómo es posible esta afirmación?
Los cancelados tienen un hogar donde vuelven cada día a casa, pero son “indigentes" porque no son comprendidos en sus pensamientos, y los canceladores intentan que sus víctimas no tengan un “hogar” intelectual donde volver.
Las víctimas no quieren destacar, ni llamar la atención, para no ser señalados. Sólo quieren pasar desapercibidos. Esto hace que su carencia principal sea la falta de confianza en ellos mismos, por eso se automarginan como indigentes y se aíslan. Pero curiosamente tienen una familia, aunque no les entiendan todo lo que les gustaría.
Hablan palabras “silenciosas” o sordas para los que les rodean. Porque no se muestran como son, no dicen lo que piensan o hablan poco claro. Por eso no destacan.
El problema de la cultura woke, por tanto, no son las ideas que defienden, sino las que no dejan defender a los demás. Encima señalan a los librepensadores y buscan la atomización. Es decir que no dejan a los otros tener sus ideas ni un “hogar” intelectual. Viven del pensamiento único e imponen cómo hay que razonar.
En esta era globalista que contrariamente busca aislarnos, reconstruyamos una sociedad abierta y libre, gracias a la mejor ingeniería social: la palabra. Que nos permite pensar, hablar, dialogar y escribir en nuestra sociedad, grupo de amigos y en la familia.
Álvaro Gil Ruiz.
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