Djokovic falla más que acierta.



Djokovic es un gran ejemplo de superación y de constancia. Prueba de ello es que el serbio posee el récord de mayor cantidad de semanas como número 1 (más de 400 semanas) y el de mayor número de temporadas finalizadas en esta condición (8 veces). 

 Este ejemplo de persistencia contrasta con la imagen que nos trasladan a nosotros y a los más jóvenes del triunfador, como alguien que consigue el éxito fácilmente y sin esfuerzo. Nos quieren vender que hay cracks que tienen éxito sin esfuerzo. Cuando lo normal es lo contrario. Bastaría preguntar a Messi o Cristiano Ronaldo si han acertado o fallado más goles a lo largo de su vida, para obtener como respuesta que, en la práctica diaria, se afina tras mucha repetición. Igual pasaría si habláramos con Nadal o Alcaraz. El caso es que fracasamos más que triunfamos. Es un hecho evidente que no queremos ver.  

Aceptar nuestra limitación es la muestra más habitual o característica de coherencia y una muestra de humanidad. Ahí está nuestra batalla diaria, en reconocer que somos humanos, y que fallamos más que acertamos. Que somos limitados. Esta idea la deberíamos trasladar a nuestros hijos. Es decir, que no hay que frustrarse ante el fracaso, porque es algo habitual. Y no lo contrario.

Es decir, la clave de la educación del carácter está en aceptar la realidad. No somos buenos en casi nada. Y adquirir un nivel respetable en cualquier materia o hobbie requiere de esfuerzo, persistencia y tiempo que a veces no dedicamos. Y más si no contamos con ninguna habilidad innata para esa actividad. Aceptar cada día este hecho es humildad, ya que es reconocer la verdad. Y además es un acto de libertad y una liberación. 

Aprendamos Djokovic que falla más que acierta, pero que es constante en su continua superación. 

Álvaro Gil Ruiz. 
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