El grumoso cacao del “pasao”, que se disuelve con leche caliente.
Todos tenemos un pasado y a todos nos atormenta. Más o menos. Con mayor o menor frecuencia. Aunque no siempre es así. Hay errores que se disuelven inmediatamente en nuestra mente, como un azucarillo y nunca más vuelven a nuestro recuerdo.
Los hay en cambio que no se deshacen fácilmente, por mucho que los remuevas. Son grumos insolubles y flotan en la leche fría de la vida. De tal manera que se convierten en algo recurrente, persistente y atormentante.
La solución está en echar leche caliente para disolver los grumos, es decir en la aceptación de nuestra fragilidad. ¿Y cómo aceptamos nuestro pasado y nuestra limitación? Mediante nuestra redención. Es decir, autoperdonándonos, perdonando o siendo perdonados, según sea el caso. Esto a veces tarda, y mucho. Pero es la clave para disolver el cacao del “pasao”. Por lo que hay que tener paciencia hasta que llegue ese momento.
Nuestra redención no tiene porque ser algo traumático, ya que nuestros errores nos pueden reconfigurar como persona. Es decir, rememorar nuestro pasado oscuro, no tiene porque ser un suplicio, porque nos puede servir de luz para el futuro. Ahí está nuestra lucha interior, en reconocer que somos humanos, y que fracasamos más que acertamos.
Es decir, la clave está en aceptar la realidad. Este hecho es humildad, ya que es reconocer la verdad. Y además es un acto de libertad y una liberación.
Álvaro Gil Ruiz.
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Muy creativo el símil del colacao. 👏
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