Antes de coger velocidad en el circuito del empoderamiento, revísalo, porque los imprevistos se pagan muy caros.

 


El machismo ha rodado a gran velocidad durante siglos, haciéndonos tener una actitud fuera de lugar, que ha supuesto grandes destrozos. Reducir la velocidad de este “F1” de nuestra sociedad, nos ha llevado mucho tiempo y esfuerzo, pero paulatinamente ha ido mejorando la situación, aunque todavía queda mucho por encauzar. 


Pues bien, ahora en este momento que estamos sufriendo las consecuencias de haber antepuesto al hombre por encima de la mujer, parece, por la ley del péndulo, que estamos abocados a lo contrario, al feminismo radical. Ya que está cogiendo velocidad el realce de la mujer a cualquier precio. 


Siguiendo el símil automovilístico podemos decir, antes de coger velocidad en el circuito del empoderamiento, revísalo, porque los imprevistos se pagan muy caros, como se ha podido ver a lo largo de la historia. 


¿Y cuál es la solución? Como decía Aristóteles en el punto medio está la virtud. Por tanto ni en el machismo, ni en el feminismo está la solución. Se encuentra en el humanismo. Y para fomentar nuestra humanidad, ¿qué mejor que las humanidades?


Las humanidades, en su amplio espectro, se refieren no solo a nuestro cultivo cultural sino también a sacar lo mejor de los hombres y mujeres. ¿Cómo llevar a cabo esta idea? Con los clásicos y la familia.


La lectura de los clásicos nos acerca a los grandes temas que se llevan conversando desde el comienzo de la humanidad: el amor, la amistad, la magnanimidad,... Y uno de esos temas es la masculinidad y la feminidad en su sentido más profundo. Es decir, que somos iguales en derechos, pero diferentes en nuestro modo de ser y de mostrarnos. Por lo tanto la lectura de los Grandes Libros ayuda a reconocernos.


La familia, entendida como la define Luri, como aquel lugar en que te quieren como eres y como sensatamente imperfecta, es el lugar donde aprendemos a ser personas. Es decir, donde nos ayudan a descubrir quiénes somos.


Pero no solo los clásicos y la familia nos pueden ayudar a humanizarnos, sino también todo lo que nos hace mejores personas. Es decir, lo que nos permite respetar nuestras diferencias y potenciarlas. Por ejemplo, la solidaridad. Donde ayudamos a personas de toda raza, sexo y condición, para sacar lo que mejor de cada uno. En este acto de humanidad mejoramos y nos configuramos como individuos libros.


Álvaro Gil Ruiz. 

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