La rana Cayetana y el perro Flauta: La fábula de la amnistía.





Salió a por ranas, una jauría de cachorros, donde caían unos chorros. Un plan de lo más habitual, en el periodo estival.  La paciencia has de ejercitar y la habilidad debes desarrollar, pero al final vas a cazar. La zarpa perruna como ninguna.

Pasa la mañana, el calor aprieta, mientras el cubo se llena, la barriga suena. Es la hora de volver para las ranas comer.

Al llegar a casa, alegría y alboroto:

—¡Por fin guiso, sopa y ancas de rana, y además con pipirrana! —dijo mi hermana, la perra Empoderada.

—Estas para freír y estas para hervir, saca la cazuela, que se acaba su vivir. Pongamos la cocina a marcha ligera, y poco a poco se harán. ¡A mejor vida pasarán, ni cuentan se darán! —dijo mi padre, el perro Flauta.

Después de unos minutos mi madre, la perra Polarizada, la tapa abrió y vio a una rana escapar, cuando se puso a cantar:

—La rana que se cocía a fuego lento, estuvo a punto de estar al punto. Pero dio un salto a tiempo en el último momento. 

Parece que decía al saltar:
 
—¡Apaga ya el fuego de la amnistía y dame una alegría! 

La rana escapó. Y mientras huía decía:

—¡Más democracia y menos autocracia!

La rana Cayetana huyó y la jauría la persiguió. Cuando estaba acorralada,  le cantaban una balada:
—Rana Cayetana, hazlo por España. Vuelve a la cazuela, que es nuestra portezuela. Nosotros queremos gobernar y ¡tú lo vas a pagar! El fuego de la amnistía no es una tontería, es tu perdición, pero es nuestra solución. El referéndum llegará y España matará. 

El batracio estaba reacio, de hacer al caer, una ola en la perola. Pero al final cayó y gritó:

—¡Apaga ya el fuego de la amnistía y dame una alegría! ¡Que si no el referéndum llegará y a España matará!

Cayetana, poco a poco, calló y al fin la agonía acabó. ¡La portezuela se abrió, Sánchez gano!

Álvaro Gil Ruiz.
 

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